domingo, 28 de noviembre de 2010

Los formales y el frío (Mario Benedetti)


Quien iba a prever que el amor ese informal
se dedicara a ellos tan formales
mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula;
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella.
Pero sus palabras, las de él
no se enteraban de esa dulce encuesta.
Como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche.
Y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia.
Extra seco y sin hielo por favor.
Cuando llegaron a su casa, la de ella;
ya el frío estaba en sus labios, los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos.
Una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio,
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre.
El probó: Sólo falta que me quede a dormir.
Y ella probó: ¿Por qué no te quedás?
y él: No me lo digas dos veces
y ella: bueno ¿por qué no te quedás?
De manera que él se quedó, en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella;
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos.
Y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

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